La habían mandado a esos confines del espacio donde ni la más fértil de las mentes imaginaría algo semejante...
Criada en un ambiente científico de laboratorios, doctores, cristal y aire acondicionado tuvo un entrenamiento exhaustivo y una preparación psicológica completa (laberinto tras laberinto).
La misión fue un rotundo éxito y un gran hallazgo en norte de La Humanidad (así, con mayúscula). La sonda tripulada alcanzó su objetivo en el distantísimo punto donde se había detectado "el agujero", ése donde las entradas y salidas parecían, extraña y tentadoramente confundirse.
Describir las sensaciones de claustrofobia, humedad, náusea e inestabilidad raya en lo imposible, aunque decir que se "levita en caída libre" en un pozo sin arriba, abajo o fondo serviría.
A pesar del terror logró sobrevivir y regresó de manera fantástica al laboratorio. Los científicos dedujeron que el fenómeno se debía al paso a través de la boca de la Botella de Klein, esa anomalía topológica que contiene al Universo y que, hasta ese momento, existía sólo en la mente enfermiza de los matemáticos. Pasó el tiempo y la excitación, su existencia se normalizó, abandonó el laboratorio y volvió a la calle.
A los cinco minutos de su nueva vida en las calles moría por efecto de los escobazos de una ama de casa histérica. ¡Difícil la vida de las ratas!
[Gaceta Año 11. Nº 23] [Índice de Gacetas] [AVCFF]