Cosas

Por Juan Carlos Aguilar

Cosas de Genios...

ISAAC NEWTON (continuación).

Al tomar posesión del cargo de director su malhumor y retraimiento habituales aumentaron; entonces decidió abandonar los asuntos científicos que provocaban acaloradas disputas con otros científicos, algunos decían que padecía el equivalente en el siglo XVII de una "crisis nerviosa". Es probable de que en realidad estuviese sufriendo de un fuerte envenenamiento por metales, provocado por la afición de su vida: la química (que entonces se encontraba en mantillas, por lo que a veces rayaba con su antecesora la alquimia). Era costumbre en los químicos de aquella época utilizar el sentido del gusto como instrumento analítico, y por entonces se utilizaba con frecuencia el arsénico y el mercurio...

Sin embargo, aún entonces, sus prodigiosos poderes intelectuales se mantuvieron intactos. En 1696 el matemático suizo Johann Bernoulli retó a sus colegas a solucionar una cuestión irresoluble para la época, llamada el problema de la Braquistocrona; o sea determinar la curva que conecta dos puntos, desplazados lateralmente uno del otro, a lo largo de la cual un cuerpo caería en el menor tiempo posible bajo la acción única de la gravedad. Bernoulli fijó al principio un plazo límite de seis meses, pero lo alargó hasta un año y medio a petición de Leibniz, uno de los sabios principales de la época. El reto fue comunicado a Newton el 24 de Enero de 1697 a las cuatro de la tarde. Antes de salir a trabajar en la mañana siguiente, Newton había inventado una rama nueva de las matemáticas llamada cálculo variacional y la utilizó para resolver el problema de la Braquistocrona y envió la solución que, por deseo de Newton, fue publicada anónimamente. Pero la brillantez y originalidad de la solución delataron la identidad del autor. Cuando Bernoulli vio la solución comentó: "reconocemos al león por sus garras". Newton tenía entonces 55 años.

Newton era circunspecto con sus descubrimientos y ferozmente competitivo con sus colegas científicos. No le costó nada esperar una década o dos antes de publicar la ley del cuadrado inverso que había descubierto basándose en las relaciones empíricas de los movimientos planetarios que Kepler había expuesto en su tercera ley (la de los períodos). Pero igual que Kepler, se exaltaba ante la grandiosidad y la complejidad de la naturaleza, y al mismo tiempo daba muestras de una gran modestia. Poco antes de morir escribió: "No se que opina el mundo de mí; pero yo me siento como un niño que juega en la orilla del mar, y se divierte descubriendo de vez en cuando un guijarro más liso o una concha más bella de lo corriente, mientras el gran océano de la verdad se extiende ante mí, todo él por descubrir".

 

 

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