Saludos, ¡otra vez nos encontramos en las mismas páginas! Aquí, en la Gaceta de UBIK, vehículo de comunicación de ideas, se propaga a partir de un punto focal, la Ciencia Ficción. Esta publicación ocasional se debe a un grupo de estudiantes que anegan de literatura de fantasía y Ciencia Ficción parte de sus horas libres, en mayor o menor grado.

En esta ocasión, no voy a describir lo que es UBIK, relatar el periplo imaginario de una idea, una palabra, o una hoja de papel. Mucho menos voy a intentar definir Ciencia Ficción, proeza digna de mejores tiempos y heroicas gestas, semillero origen de increíbles historias y mas de una disputa. Trillado es intentarlo, o quizás fatigado para una mente enfebrecida por millares de horas ante inverosímiles, y otras no tanto, aventuras y paradojas argumentales del ser vivo (sea cual fuere su naturaleza) frente a la ciencia, o su objeto de existencia: el entorno omnipresente.

Dado que no pienso hablar de UBIK, ni de la Ciencia Ficción, puntales necesarios y obligados de la presente publicación; he de remitirlos a la lectura del relato que honra nuestras páginas, verdadero representante de todo un cúmulo de ideas y depositario de parte del amplio y ambiguo concepto de Ciencia Ficción.

Punto aparte, como podrán meditar luego, en la tranquilidad inexistente de la vivencia diaria: un sueño de primate, algo prematuro, algo pesimista, tenebrosamente lúgubre pero potencialmente posible, acecha furtivo, voraz, en alguna parte de nuestra identidad. Sin embargo, pienso que Quino sólo nos mostró al desafortunado primate futuro homínido que soñó la faceta oscura de nuestro comportamiento, pero la dualidad existe, y esperemos que haya muchísimos primate homínidos cuyos sueños deriven hacia costas más impolutas, alejadas de los tormentosos vórtices con olor a pólvora.

 

 

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