Hace ocho años se concertó una reunión de aficionados a la ciencia ficción en un salón de Básico I. Era un día muy especial, la cristalización de un proyecto casi utópico. Quizás las ideas no estuvieran del todo claras, pero el debate fue intenso, se esgrimieron muchos argumentos a favor de una u otra posición. Innumerables nombres desfilaron y fueron desechados; sin embargo, unos pocos cimentaron interés y sus conceptos e ideas llamearon en la húmeda atmósfera de un Sartenejas de hace casi una década. Entre todos esos nombres uno brilló. deslumbrante, y batalló con brío, defendido con vehemencia por sus parciales: Trantor, resonaba una y otra vez en aquel cuarto. Trantor estaba escrito en gruesos trazos blancos sobre el fondo verde de un pizarrón a medio borrar. Trantor, la enorme ciudad-planeta; el intrincado laberinto de la superespecialización, la depurada esencia final de la administración de un imperio. E1 cerebro de un sistema político-social. Detrás de Trantor estaba Isaac Asimov, y mas que detrás, encima, cobijando e insuflándole su aliento e imaginación. Trantor, el símbolo de la opulencia, pero asimismo de la decadencia, de un nuevo comenzar en el interminable ciclo histórico. Origen de la Fundación, eje de la famosa trilogía.

Pero, como sucede siempre, el nombre de UBIK, otra gran idea, resultó triunfador, y hace 8 años, un 24 de Mayo, una nueva agrupación literaria tomó ese nombre. Hoy Isaac Asimov ha muerto.

 

 

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